Saltar al contenido
La Redacción

La Gran Idea de Alfonso

30 enero, 2020

La Gran Idea de Alfonso. “Ya déjalo así, que no llego al fut”, le dije a Alfonso, mientras terminaba de encerarme el auto.

“Aguánteme 5 minutos”, me contestó sin dudar mientras le daba los últimos toques, “si no se lo dejo como nuevo no me vuelve a contratar ¿y luego?…”

“Tienes razón, espero”.

“Mi chamba puede no ser tan importante”, terminó Alfonso, “pero eso no quita que no tenga que ser el mejor en lo que hago”.

Y sí, lo es. Hace casi 15 años que lo conozco. Recuerdo que me lo recomendaron como “el tipo que mejor encera los autos”. Lo llamé, nos pusimos de acuerdo y llegó a mi casa un sábado a las 7 de la mañana. Desde que lo conocí supe que era un tipo decente, honesto y trabajador. De esas personas que te vibran bien con solo verlas. Le dejé las llaves y recuerdo haberme sorprendido con lo mucho que se tardó.

Eso, hasta que vi como había quedado mi auto. Literalmente, como nuevo. Motor, vestiduras, cajuela, bisagras, faros, llantas, rines, todo. No había dejado detalle sin atender. Desde entonces, hace casi 15 años, no es necesario que yo recuerde cuando les toca su encerada a los autos. Alfonso me llama puntualmente cada 6 meses, “agenda su cita” y viene a casa a dejarlos como nuevos. Se lo he recomendado a muchísima gente y creo que nunca recibí tantos agradecimientos como cuando ven el resultado.

Su mejor “publicidad”, como le digo yo, es su propio auto. Un Golf modelo 1990, rojo, que mantiene impecable.

“Tienes que mostrárselo a todos tus clientes”, le dije hace tiempo, “este auto es la mejor prueba de lo bien que haces tu trabajo”.

“Claro”, me dijo, “y de que cobro barato, porque no me alcanza para comprarme uno nuevo”.

Desde hace un par de años, Alfonso viene a casa con su hijo, a quien le está “enseñando el negocio” y que seguramente será el mejor, una vez que su padre se retire. Cuando terminan, Alfonso no se va sin asegurarse de mostrarme el resultado.

Abre el cofre, me muestra el motor, después la cajuela, se asegura de que vea cada detalle, las bisagras, la alfombra, para después pasar a la lámina, las llantas, los rines y, por último, el interior, vestiduras, tablero, tapetes, en fin. Venimos haciendo exactamente lo mismo desde hace años, aunque ya lo conozco y no necesita probarme nada.

Para él es muy importante mostrarme que todo ha quedado bien. Se apena muchísimo cuando, una vez cada dos años, más o menos, me dice que “ya me va a tener que cobrar más porque los materiales han subido de precio”, como si pagar más por un trabajo tan bien hecho no fuera justo.

Para mí Alfonso es un ser humano excepcional y un mexicano ejemplar. Un tipo que encera autos, pero que se ha fijado como objetivo ser el mejor en lo que hace y, al menos en mi opinión, lo es. Una de esas personas que da gusto conocer y a las que da gusto poder dar trabajo, ayudar.

“Mi chamba puede no ser tan importante, pero eso no quita que no tenga que ser el mejor en lo que hago”.

Desde que me lo dijo, me quedé pensando mucho en eso y en cuanta razón tiene en abordar así su trabajo. He escrito algunas cosas que señalan lo mal que está nuestro país: la gente que se estaciona en lugares para discapacitados sin importarle nada, la prepotencia, la corrupción, la terrible falta de educación que en mi opinión es donde empieza el problema, en fin. Hace poco también escribí acerca del “otro México”, ese en el que abundan las buenas personas, ese que vale la pena señalar, no olvidar. Ese en el que abundan los “Alfonsos”. Esos que tanto necesita nuestro país.

Tú, que estás leyendo esto, ¿en verdad te esfuerzas cada día por ser el mejor en lo que haces?, ojalá y sí y, si es así, te felicito y te lo agradezco. Pero si no, si eres de los muchos que se dejan llevar por el “día a día” y que piensan que el trabajo es eso, trabajo, te invito a que recapacites, te enfoques y te propongas hacerlo mejor, porque no importa cuál sea tu trabajo, todos son importantes y todos sirven para algo.

Escribo esto porque he pensado mucho, seguramente igual que tú, en lo mal que estamos y en lo “poco” que podemos hacer: que si “es culpa del gobierno”, que si “Andrés Manuel agitó el avispero”, que si “todos son unos corruptos”, en fin.

La verdad es que cuesta trabajo, desde la posición del “ciudadano común” tratar de influir en algo y aportar alguna idea que ayude a México. Lo fácil es criticar y no hacer nada, porque nosotros “no podemos hacer nada”. Pienso que estamos equivocados. Pienso que sí podemos hacer algo y me doy cuenta de que Alfonso, el tipo que me encera los autos, tiene una gran idea que sí puede ayudar a México y hacer que las cosas cambien.

Esa idea es que todos nos esforcemos todos los días por ser los mejores en lo que hacemos, aunque nuestra chamba “no sea tan importante”. Mejores tipos encerando autos, mejores meseros, mejores polis, mejores médicos, mejores ingenieros, mejores publicistas, mejores madres y padres, mejores amigos, mejores jefes, en fin. Todos tenemos que esforzarnos por ser los mejores.

Yo estoy muy lejos de serlo pero como Alfonso, intento trabajar todos los días para lograrlo y espero algún día poderlo ser. Me equivoco mucho más de lo que acierto, pero lo intento y lo seguiré intentando. Si lo haces tú también, si lo hacemos todos, estaremos construyendo un mejor país, independientemente de que nuestro gobierno intente también hacerlo mejor o de que a nosotros “no nos toque” tomar las decisiones que toma «El Peje». Es esa nuestra parte: ser los mejores en lo que hacemos.

Hagámosle caso a Alfonso, que tuvo la gran idea.

English Version