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La Redacción

¿Perder la vergüenza?

26 enero, 2020

¿Perder la vergüenza? “Cuando una tiene hijos, pierde la vergüenza”, me dijo hace años una señora con quien yo viajaba en un ADO, mientras ella limpiaba sin pena alguna, el vómito de su hijo.

           Creo que más que “perder la vergüenza”, se trata de AMOR.

           Ese que surge y transforma nuestra esencia psicoemocional. El que nos hace comportarnos diferentes…el que nos convierte en seres capaces de desprendernos, sin que nos pese, de todo lo que nos había sido cómodo y fácil…ese amor que a veces duele…ese amor que nace del alma: El amor de ser mamá o papá.

           Y no hay qué buscarlo en rincones apartados ni en lugares extraordinarios.

Está en nuestro entorno, en nuestras casas, al otro lado de la calle…está dentro de nosotros; por ejemplo cuando nuestra intensa etapa juvenil llena de distracciones y fiestas, se convierte únicamente en atenciones y dedicación amorosas de 24 horas por la felicidad de nuestro hijo; cuando se defiende incondicional e intensamente recuperar nuestra familia; o también cuando no se demuestra queja ni impaciencia para que ese ser tan vulnerable recupere la salud.

            Alguna vez leí que por amor también se pierde. Pienso que como en todos los contextos de vida, solo tenemos dos opciones: mirar el vaso medio lleno o medio vacío. Y más nos vale verlo como la primera, porque todo el que experimenta el sentimiento maternal o paternal sabe perfectamente de lo que hablo: Que en materia de amar a un hijo, no aplica ese sesgo de la percepción llamado “La maldición del ganador”, o la famosa Victoria Pírrica que hace alusión, como todo epónimo, a la cita textual del rey Pirro.

            “¿Ganar o perder?”…¿Acaso merece plantearse esa pregunta todo aquel que ha recibido la bendición de ese sublime amor?

             Y aquella señora que viajaba conmigo seguramente quiso decirme que se había despojado o desprendido de todo lo que a cualquier persona podría causarle vergüenza. Por lo tanto: ¿“Perder la vergüenza”?, la expresión es muy relativa y se queda muy corta: ¡El amor de ser mamá o papá, es eso y más…mucho…mucho más!

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